El perro Necio
El hombre es solo el reflejo de si mismo… cuando no tiene conciencia de quien es.
El ego es quien desfigura su esencia y se dibuja como quiere aquel que la posee. No somos lo que nos hicimos y nos construimos. Como los alquimistas, poco a poco nos vamos construyendo y haciendo con nuestros productos, las condiciones con los demás y las interacciones con nuestros semejantes.
En cierta ocasión un perro vagabundo paseaba por un campo solitario. Era un perro sin pedigrí, Basto y ordinario. Pero en aquel sitio nadie conocía de estas distinciones que a la postre se convierten en discriminaciones, positivas o no, son discriminaciones. En la mayoría de los casos voluntarias.
El perro se paseaba orgulloso pues este venia de ciudad. Se sentía mejor que los demás por creerse superior por venir de una lugar mas “avanzado” socialmente.
Un cerdo se cruzo en su camino y hablándole con modestia y sencillez le pregunto:
- Señor perro como esta usted
El perro con altivez contesto:
- ¡Miserable cerdo inculto! ¿Que acaso no sabes a quien te diriges? Soy un perro de ciudad, dirígete a mí con más respeto...
El cerdo, sorprendido por la respuesta del can, sin preámbulos solo dijo… Si te crees mejor siendo un inculto vestido con una condición prestada, solo haces alarde de una gran ignorancia. En el mundo hay perros que, sin ser concientes de su condición de raza, no alardean de serlo, otros, como tu, son solo simples reflejos de lo que se creen, como espejismos en el desierto, solo son visibles por los seres con avidez de lo que quieren ver. Tu solo eres una quimera de lo que te crees, mas, tu propia ignorancia hace que tu te mires diferente. Aprende del mar, que, sin ser ostentoso, guarda en si grandes maravillas y no hay nada mas poderoso que el, y aun así puedes bañarte en sus aguas, como también morir, pero aun conserva la humildad para dejarse llevar por el viento y el sol… tu querido amigo morirás siendo un simple perro callejero con ínfulas de pedigrí, discriminando a los demás solo por la creencia ciega que tienes de ti mismo…
A eso se le llama necedad..
El perro, avergonzado, no por su actitud, sino por que aun seguía considerando al cerdo como su inferior, tuvo que quedarse en silencio.
El perro se dio media vuelta y se fue… no sin antes decir.
Es evidente que aquí nadie sabe tratar a los perros de ciudad…
El ego es quien desfigura su esencia y se dibuja como quiere aquel que la posee. No somos lo que nos hicimos y nos construimos. Como los alquimistas, poco a poco nos vamos construyendo y haciendo con nuestros productos, las condiciones con los demás y las interacciones con nuestros semejantes.
En cierta ocasión un perro vagabundo paseaba por un campo solitario. Era un perro sin pedigrí, Basto y ordinario. Pero en aquel sitio nadie conocía de estas distinciones que a la postre se convierten en discriminaciones, positivas o no, son discriminaciones. En la mayoría de los casos voluntarias.
El perro se paseaba orgulloso pues este venia de ciudad. Se sentía mejor que los demás por creerse superior por venir de una lugar mas “avanzado” socialmente.
Un cerdo se cruzo en su camino y hablándole con modestia y sencillez le pregunto:
- Señor perro como esta usted
El perro con altivez contesto:
- ¡Miserable cerdo inculto! ¿Que acaso no sabes a quien te diriges? Soy un perro de ciudad, dirígete a mí con más respeto...
El cerdo, sorprendido por la respuesta del can, sin preámbulos solo dijo… Si te crees mejor siendo un inculto vestido con una condición prestada, solo haces alarde de una gran ignorancia. En el mundo hay perros que, sin ser concientes de su condición de raza, no alardean de serlo, otros, como tu, son solo simples reflejos de lo que se creen, como espejismos en el desierto, solo son visibles por los seres con avidez de lo que quieren ver. Tu solo eres una quimera de lo que te crees, mas, tu propia ignorancia hace que tu te mires diferente. Aprende del mar, que, sin ser ostentoso, guarda en si grandes maravillas y no hay nada mas poderoso que el, y aun así puedes bañarte en sus aguas, como también morir, pero aun conserva la humildad para dejarse llevar por el viento y el sol… tu querido amigo morirás siendo un simple perro callejero con ínfulas de pedigrí, discriminando a los demás solo por la creencia ciega que tienes de ti mismo…
A eso se le llama necedad..
El perro, avergonzado, no por su actitud, sino por que aun seguía considerando al cerdo como su inferior, tuvo que quedarse en silencio.
El perro se dio media vuelta y se fue… no sin antes decir.
Es evidente que aquí nadie sabe tratar a los perros de ciudad…
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